lunes, 28 de abril de 2008

Pensar, ¿en qué?

Ni siquiera me quedan fuerzas para llevar a cabo una venganza. Y, mira que la he diseñado bien pero, no tengo fuerzas. Es curioso pero, no puedo ni siquiera salvarme de la quema. Una canción, aliento, un viaje, un café y una salida pero, la crueldad vuelve a la mente y vuelva usted a dormir cuando pueda. Parece la consulta de un psiquiatra que está más loco que sus pacientes. Llegó a convertirse en una mentira consentida, llegó a convertirse en una obsesión. A veces, la personalidad nos arroja por donde nunca quisiéramos pasar, por donde vemos que nadie antes ha sufrido porque siempre lo ha superado sin nuestra ayuda. Ahora, el paso del tiempo es fatigable, ya ni siquiera pasan los días, pasan los segundos pero no esperamos que pase nada. Ya ha pasado todo, todo se ha acabado. La eternidad, en un minuto, la crueldad en una vida. ¿Cuánto tiempo hace falta para olvidar? ¿Por qué no es el mismo que se tarda en perdonar? ¿Quién tiene las respuestas de una vida? ¿Quién tiene las respuestas de lo falibles que somos, eso de que nada nos puede, no es cierto, la certeza nunca acompaña a nadie, la incertidumbre es una traidora y la memoria, otra. Memoria nada selectiva, memoria de la ira o memoria de la rabia o memoria del entusiasmo o memoria de la nada, porque realmente en eso quedamos siempre. Ahora, la danza del olvido se vuelva a apoderar de una cabeza que no cesa, que se quiere despegar de una idea atormentadora, hacerse poderosa, vencer al recuerdo, apoderarse del olvido para siempre. Bendita ilusión ante lo espantoso de los fantasmas del pasado. No se puede perpetuar tanto el mal, lo malvado que habita en cada uno de nosotros, monstruos de la infancia, resina mortal.

jueves, 17 de abril de 2008

Una de informática

Casi dos meses después, todo parecía diferente, pero seguía en el mismo punto. Decidió que no iba a hacer nada, que permanecería impasible ante los ruidos que se habían incrustado incómodamente en su vida. El inquietante paso del tiempo seguía siendo un lastre, una pesada losa que no dejaba espacio ni siquiera para poder respirar.