jueves, 23 de agosto de 2007

Verano en familia

Eso es lo malo de no guardar los textos. Al final, le das a una tecla y se pierde todo. Había escrito el texto correspondiente a este título pero, no sé lo que ha pasado que me ha hecho perderlo. Lo que había escrito se refería a las vacaciones en familia, como las de Cuéntame pero sin ese toque bondadoso que aporta la televisión. Porque en estas series parece no haber disputas ni discusiones importantes o tontas. De todas formas, no puedo tener recuerdos de las vacaciones familiares porque nunca he disfrutado de unas en condiciones. Las pasábamos en el pueblo, en las puertas de las casas de las vecinas y si no, en la playa yo sola mientras los demás miembros de la familia trabajaban. Tampoco estaban tan mal. Ahora creo que el hecho de tener demasiado tiempo libre todos, nos crispa y nos hace enfadar por lo que no vivimos y por lo que parece que queremos recuperar.
Este era un análisis inicial sobre las vacaciones a la que acompañaba otra sobre lo que considero para mí un nuevo año. Solo espero que se parezca al que ha pasado aunque, con la ausencia de Carolina. Me tendré que acostumbrar a que no haya nadie para las tediosas tardes de invierno, si es que decido vivir sola en Guadix. De todas formas, me ilusiona en este momento poder pensar en que nos concederán el proyecto y que podré hacer miles de cosas, si me lo propongo.
Uno de mis primeros propósitos será organizar mejor mi tiempo y el tiempo de trabajo. La experiencia debe de haberme enseñado a estas alturas algo, aunque sea simplemente a pensar en cómo aprovechar mejor esas tardes siempre de promesas.
Por otro lado, no puedo olvidar que tengo la mente algo más ocupada por lo sentimental. Este tema llega a aturdirte cuando no sabes cómo enfocarlo. Compaginar una cosa y otra con la distancia, si es que creo que merece la pena, será no poca tarea.
En fin.
La otra reflexión se refería a las historias que se van sucediendo a mi alrededor. Crecen como la buena o la mala hierba pero, ahí están. Mientras, aquí sigue y sigue lloviendo. Por eso Pamplona está tan tan verde.

viernes, 10 de agosto de 2007

En qué pensar y pensar

Un verano largo y diferente. Estoy inmersa en una historia de amor pero, no sé cómo vivirla. Estoy ilusionada pero no sé reconocerlo. Siempre con la duda. Abrí una columna, cuando escribía en El Faro de Melilla, titulada abierta a la duda pero ahora creo que la que sigue abierta a la duda sigo siendo yo. Esta noche, sin ir más lejos, estoy esperando una sorpresa pero, como no llegue me voy a llevar un disgusto aunque tampoco espero que sea así porque supone mucho esfuerzo por parte de otra persona. Yo creo que, por pereza, no sería capaz de hacerlo. Lo que me falta es mucha entrega y prescindir del egoísmo que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida o quizá sea debido a que estoy acostumbrada a caminar solita por la vida. Es difícil compaginar, es difícil compensar y es difícil entregarse. También es difícil estar sola aunque es lo más cómodo del mundo. Sigo escribiendo como si fuera de forma automática, como endiablada por el genio de la inspiración; eso es lo que me gustaría a mí pero, creo que eso solo pasa en estados de embriaguez. Pronto cogeré una botella para llegar a levantarme de la cama como Rubén Darío, embargado por el genio divino.
Cuando me planteo el comienzo de una historia, solo se me ocurre seguir escribiendo sobre la mía propia. Aunque, en estos días, en los que estoy conociendo a Matías, creo que la vida de muchos otros resulta igual o más de apasionante, de dura, de difícil. Me ha sorprendido, al tiempo que incluso me duele oírle hablar sobre algunos temas, sobre todo el que considero que por su envergadura es el más importante para él. ¡Menuda sensación la de ese dolor! Creo que nadie puede ser capaz de imaginárselo, sin haberlo vivido. La tristeza me inunda incluso a mí, máxime teniendo en cuenta que ni siquiera se me ha presentado una situación que se le asemeje nunca.

jueves, 2 de agosto de 2007

De nuevo

De nuevo, me parece que me he vuelto a equivocar. Estoy triste pero, tampoco creo que el motivo de mi tristeza tenga importancia para tanto. ¿Qué hacer? Esa es la gran pregunta. Necesito tiempo para recomponer mi estado y reconstruir, poner todas las piezas en su sitio. Y creo que no es ni buen momento para escribir. Ahora mismo siento que no puedo dejar de ser la que soy, con poca importancia para nadie, a pesar del mensaje de Nuria que siempre recuerdo con mucho cariño. Antes escribí lo de romper almas, ahora creo que la tengo rota de una desilusión. Me pierdo y no sé en lo que quedará esta historia de vida pero, seguro que salgo, como siempre, mal parada.