lunes, 27 de julio de 2009

¡Me encantan las alternativas!

Nunca me creí capaz de hacer proezas pero ahora, menos que nunca. No me puedo mover después de estar cinco horas andando por unas rutas extraordinarias. Desde luego que hay gente que con poco, se lo monta pero, a base de bien. Basta con ir a Cabo de Gata de vez en cuando y te das cuenta de que hay otras alternativas a la explotación urbana. En medio de la nada te montan un chiringo, con cuatro latas de cerveza del Día y refrescos Jinquin, de los que me gustan a mí. En la entrada, un cartel que prohíbe el paso de los perros pero, en una enorme cama de matrimonio, cerca, muy cerca del escenario, más bien en primera fila, descansa el enorme perro de Joe. Otros saltan dentro de una bañera mientras alguien te invita a contemplar un hermoso cielo estrellado desde el sillón del amor, que es como lo llaman. Visto así, parece un relato surrealista pero, existe ese rincón, el Bar de Joe o, tal vez taberna. Joe es un hombre barbudo, de esos viejos moteros que nunca mueren, que ahora se ha hecho amigo de las nuevas tecnologías y que asusta al personal que está tumbado en las jaimas con el flash de las fotos. No he mirado pero, seguro que tiene una web mejor que la de muchos hoteles de cinco estrellas. Tampoco se puede dejar de lado la música. Rockeros a la antigua usanza, armados con sus mejores instrumentos y ataviados igualmente con sus mejores galas que se postran en el escenario para hacer rugir sus guitarras. El nombre, de lo más sugerente; algo así como "Las vacas mugrientas" o "Las vacas grasientas", todo para abrir el apetito de una música feroz. Ya digo, que los contrastes encima te ponen en evidencia; el tiempo pasa pero no de igual forma para todos. Hay quienes siguen junto al perro de Joe en primera fila y hay quienes se van quedando más atrás. Yo, de nuevo, me alegro de haber conocido a Joe y a su gigante perro. Le tengo que presentar al mío aunque Rabote es menos afortunado porque no tiene cama ni música en directo.

lunes, 20 de julio de 2009

Negocios

Siempre me propongo hacer algo nuevo pero, siempre en verano, cuando no tengo nada que hacer. Y siempre se queda en propósitos. Creo que voy a trasladar a estas fechas el año nuevo porque así cumpliría con el ritual que lleva a cabo todo el mundo. La verdad es que me llama mucho la atención el mundo de los negocios pero, eso sí, sin trabajar y sin esfuerzo porque todo se ve mejor desde el sofá. Tengo mil ideas que parecen de los mejores emprendedores pero todas requieren esfuerzo, a ver si encuentro a alguien dispuesto a hacerlo y que me deje a mí eso de ser la cabeza pensante por una vez en la vida. No estaría nada mal. Mientras tanto, sigo sufriendo las inclemencias de este tiempo asfixiante, a los pies de un ventilador y con las ventanas bajadas para que no entre el calor. Espero todos los días las dos horas de la digestión, como le decía Sabina "al Borja" y, no sé a él pero, lo que es a mí, se me pasa siempre la hora de ir a la piscina. La hora y la gana. Así que, seguiré mejor aquí con mis negocios y otros asuntos que no llegan nunca a ningún puerto. ¡Qué le vamos a hacer! Y, para colmo el dichoso taladro del vecino que parece que está colgando los cuadros en mi salón. Cosas del verano.