lunes, 18 de febrero de 2008
Una nueva sensación
La liberación es esa sensación a la que me refiero. Hace tiempo que no me sentía así pero, tampoco es que ahora me sienta liberada de nada. Solo sé que soy libre, que quiero pensar un futuro mejor aunque nunca sé hacia dónde dirigir mis pasos. Sigo siendo insegura, indecisa y la rana que fallece en el intento de abandonar el tarro de la nata al que cayó. Envidio a los que dicen que seguirían moviendo sus ancas hasta convertir ese líquido en mantequilla para salir victoriosos. No es mi caso, ni mucho menos. Invicta, nunca. Vencida, a diario aunque siempre en lucha permanente con mi otro yo que juega al convencimiento. En fin, supongo que a cada cual, lo suyo.
jueves, 14 de febrero de 2008
Tan solo diez palabras
Diez palabras, incluidos los artículos, las preposiciones, conjunciones e indefinidos para hacerme extremecer y, ni siquiera son diez sino menos. El poder de la palabra es extraordinario, las esperanzas depositadas en tan solo tres palabras son aterradoras, la reacción casi inhumana. Tiene más poder lo que interpretamos de solo esas tres palabras, agrupadas de tres en tres, enviadas de tres en tres, recibidas de tres en tres e interpretadas de tres en tres, con sus correspondientes tres puntos suspensivos. Fruto del destino, de la casualidad, del tópico renacentista que brota de las ideas más oscuras de la mente como un alivio a intenciones perversas. Lo cierto es que el corazón ruge como una fiera, sin que nadie pueda ponerle un lazo. Nombres y melodías que traen consignas inolvidables, secretos inconfesables que se agrandan y que se muestran contundentes para seguir con paso firme en la desidia de lo que nunca podrá ser.
miércoles, 13 de febrero de 2008
Cambios, avisos, remordimientos
No sé por qué tengo que aguantar lo que no me agrada. Hemos perdido la elegancia, las formas, el saber estar pero, lo aguanto. A diario. En cualquier sitio. Nos sorprendemos al oír la palabra 'gracias' o 'por favor'. ¿Dónde ha quedado el buen gusto? Siento angustia y, no precisamente para vomitar sino una angustia vital que me oprime todo el pecho. No solo de pensar en esas formas sino de otros muchos remordimientos y de otros muchos avisos, sin hablar de eso de no reconocer los errores propios. Es más fácil barrer hacia fuera, siempre hacia fuera. La porquería, de otros.
Mientras, me llega una buena noticia de una amiga que se casa. Hace dos años que no voy a una boda y la verdad, a la de esta niña me apetece mucho ir. Aunque hace mucho mucho tiempo, compartimos muchos muchos buenos momentos aunque ahora queden un poco lejos y ya sea casi imposible rememorarlos tal y como fueron. Ya hace más de quince años que nos conocemos y, parece que fue ayer cuando huíamos del destino que ahora se le aproxima. Buena y mala idea esta de la de crecer.
Mientras, me llega una buena noticia de una amiga que se casa. Hace dos años que no voy a una boda y la verdad, a la de esta niña me apetece mucho ir. Aunque hace mucho mucho tiempo, compartimos muchos muchos buenos momentos aunque ahora queden un poco lejos y ya sea casi imposible rememorarlos tal y como fueron. Ya hace más de quince años que nos conocemos y, parece que fue ayer cuando huíamos del destino que ahora se le aproxima. Buena y mala idea esta de la de crecer.
miércoles, 6 de febrero de 2008
Minar y minar
Como gominolas, como hace años, como ayer y casi como siempre. Hoy ha sido un día especialmente destructivo, podemos llegar a ser crueles y sobre todo, cuando no pensamos ni siquiera el alcance de nuestras palabras. Cada día estoy más segura de que hay gente que necesita destruir para cimentar sobre los escombros de otros. ¡Qué triste! Pero, cierto.
Lo peor es cuando este tipo de comentarios, destructivos, gratuitos, malsanos, te llegan en días como el de hoy. Cierto que estoy demasiado desorientada con unos niños a los que no me adapto. No les tengo ningún tipo de simpatía, excepto a varios, dos o tres a lo sumo que salvo de la quema porque el resto, los quemaría y haría una figura de budú con sus cenizas. Pero creo que no se trata tanto de niños o adolescentes como de personas. Están las personas maleducadas y las demás. ¡Vaya mundillo mundano! Creo que no me adaptaré nunca a él o quizá a estas alturas, ya ni siquiera lo intente. Tengo que intentar construir mi reino en otro lugar, tampoco uno que suene a hogar familiar porque eso tampoco es de mi estilo, como el puchero para la hermana de mi amiga Sirvi.
Lo peor es cuando este tipo de comentarios, destructivos, gratuitos, malsanos, te llegan en días como el de hoy. Cierto que estoy demasiado desorientada con unos niños a los que no me adapto. No les tengo ningún tipo de simpatía, excepto a varios, dos o tres a lo sumo que salvo de la quema porque el resto, los quemaría y haría una figura de budú con sus cenizas. Pero creo que no se trata tanto de niños o adolescentes como de personas. Están las personas maleducadas y las demás. ¡Vaya mundillo mundano! Creo que no me adaptaré nunca a él o quizá a estas alturas, ya ni siquiera lo intente. Tengo que intentar construir mi reino en otro lugar, tampoco uno que suene a hogar familiar porque eso tampoco es de mi estilo, como el puchero para la hermana de mi amiga Sirvi.
sábado, 2 de febrero de 2008
¿Qué espero?
Lo he sabido siempre aunque no desde el principio. Lo cierto es que no cambiamos y me preocupa el hecho de no poder reafirmar mi autoestima hasta el infinito y me preocupa que eso precisamente sea lo que más le preocupa a alguien que me quiere con firmeza y desde siempre. Cuando deseo que la gente tenga suerte, se lo deseo de corazón y nunca con doble intención, no es mi estilo, aunque a estas alturas no me conozcas lo suficiente como para saberlo. Y tienen razón los que dicen que es pernicioso seguir enganchada al teléfono, me doy cuenta de que me perjudica demasiado y que parece que espero algo, siempre esperando como si el tiempo no tuviera importancia para mí. Pero ya ha pasado un mes desde que nos vimos por última vez y han sido más frecuentes que nunca tus visitas cerca de donde me encuentro. Sigue habiendo tantas contradicciones que me confirman seriamente que da igual que haya 100 como 500 kilómetros entre nosotros, es la misma distancia que 8.000 u 80.000 kilómetros, casi una vida de distancia. Lo único que me atormenta es el hecho de seguir con un dolor absurdo y, al mismo tiempo, haber tomado decisiones empujada por algo externo a mí, eso sigue siendo un tema que me atormenta. No puedo quitarme la idea de que lo mejor sería que me apuntara a alguna terapia para fortalecer mi propio yo porque, de nuevo, se trata de mí y de mi espejo interior. No sé si sigue borroso o si conseguiré limpiarlo del vao algún día.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)