jueves, 17 de abril de 2008

Una de informática

Casi dos meses después, todo parecía diferente, pero seguía en el mismo punto. Decidió que no iba a hacer nada, que permanecería impasible ante los ruidos que se habían incrustado incómodamente en su vida. El inquietante paso del tiempo seguía siendo un lastre, una pesada losa que no dejaba espacio ni siquiera para poder respirar.

1 comentario:

Isabel Sira dijo...

Pues cambiémoslo nosotras y dejemos que el tiempo pase, pero cargado de nuestras propias energías...