sábado, 2 de febrero de 2008
¿Qué espero?
Lo he sabido siempre aunque no desde el principio. Lo cierto es que no cambiamos y me preocupa el hecho de no poder reafirmar mi autoestima hasta el infinito y me preocupa que eso precisamente sea lo que más le preocupa a alguien que me quiere con firmeza y desde siempre. Cuando deseo que la gente tenga suerte, se lo deseo de corazón y nunca con doble intención, no es mi estilo, aunque a estas alturas no me conozcas lo suficiente como para saberlo. Y tienen razón los que dicen que es pernicioso seguir enganchada al teléfono, me doy cuenta de que me perjudica demasiado y que parece que espero algo, siempre esperando como si el tiempo no tuviera importancia para mí. Pero ya ha pasado un mes desde que nos vimos por última vez y han sido más frecuentes que nunca tus visitas cerca de donde me encuentro. Sigue habiendo tantas contradicciones que me confirman seriamente que da igual que haya 100 como 500 kilómetros entre nosotros, es la misma distancia que 8.000 u 80.000 kilómetros, casi una vida de distancia. Lo único que me atormenta es el hecho de seguir con un dolor absurdo y, al mismo tiempo, haber tomado decisiones empujada por algo externo a mí, eso sigue siendo un tema que me atormenta. No puedo quitarme la idea de que lo mejor sería que me apuntara a alguna terapia para fortalecer mi propio yo porque, de nuevo, se trata de mí y de mi espejo interior. No sé si sigue borroso o si conseguiré limpiarlo del vao algún día.
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