jueves, 31 de enero de 2008

Las fechas

Normalmente, suelo aferrarme a las fechas como las tontas. Nadie creo que se aferre a las fechas de la forma en la que lo hago yo. Simplemente, no piensan en esos días que pueden resultar más lluviosos al asociarlos a algún acontecimiento, Ahora, el 1 de marzo me paraliza por una estúpida esperanza que, día tras día se disipa, gracias a Dios o a quien esté ayudando en esto de la relativización. El recurso frecuente, además de la meditación de esos veinte minutos diarios que he leído en una revista que recomiendan, está siendo el recuerdo de los malos ratos, no sé si tantos o más que buenos, pero, realmente uno bueno compensaba como quinientos malos. Es así. De nuevo, me sigue indignando lo canallas que somos, todos y, sobre todo los adultos, unos con otros. Hoy he asistido a una nueva fechoría canalla y he pensando en las fechorías que me han hecho llorar y que igualmente deberían haber sido consideradas de lo más canallesco por mí, a posteriori sobre todo.

No hay comentarios: