sábado, 15 de diciembre de 2007

Un viaje al fin del mundo

Esta mañana he tenido la impresión de llegar de un viaje al fin del mundo. Nunca imaginé que la carretera de noche pudiera presentar el panorama que presenta. Sórdido es el adjetivo que más conviene, con una voz quebrada en la barra de cualquier bar de carretera, gente sola que comparte su soledad en un café de dos minutos, largos y silenciosos. Cuando continúan, vuelve de nuevo el espejismo del viaje a ninguna parte, bañado por esas horrorosas luces de neón que llaman la atención de los clubs de carretera. Nombres, para todos los gustos, al igual que los colores de esas luces que parecen estar alarmando de lo que alumbran. Desde luego que en nuestro tiempo sigue habiendo Sísifos, tan desconocidos como cercanos pero, no con menos empeño que éste. Y desde luego, que cada uno de nosotros tiene también algo de este curioso ser, algunos con una piedra más grande que la de otros aunque, no menos pesada.

1 comentario:

Isabel Sira dijo...

¿Dónde fuiste? Espero que tu destino fuera más tranquilo que tu viaje.