jueves, 17 de mayo de 2007

Seguir caminando por una senda abierta

Seguir caminando sin rumbo, por una senda abierta entre la maleza. Esa es la vida que nos planteamos la mayoría, aunque por el momento, no tengo maleza a mi alrededor. Hace ya algún tiempo que he superado la que creo que es la crisis más importante de mi vida. Ahora tengo otras, qué duda cabe, pero esa crisis o esa tormenta en la conciencia me acompañará eternamente. Nunca se sabe hasta qué punto somos o no responsables de la vida de los demás, si esos demás están incapacitados. Ahora, la duda que me asalta, como siempre, y como rezaba mi columna en el periódico (recuerdo Abierto a la duda) es si el abandono de unos justifica que abandonemos. No sé. Me consuela pensar que sí es así pero, cada uno decide y no se sabe cuándo nos equivocamos.
Con este tema puedo resultar extremadamente pesada porque es algo a lo que le doy continuamente vueltas, sin llegar nunca a tener una respuesta clara. Puede que muera pensando en que, por un lado lo hice mal pero, por otro, lo que hice o, mejor, lo que no hice tiene su justificación. En fin, vidas absurdas.
Hay etapas que parecen pasar sin más y parecen ser representativas de la felicidad cuando ya han pasado definitivamente, a toro pasado, como se suele decir. Creo que estoy viviendo una de ellas aunque no consigo liberarme de las fobias de siempre. Una de ellas y, muy importante, cuando llego a un sitio, quiero irme en un momento dado y no sé demasiado bien por qué. Es como si me estuvieran asfixiando, el corazón me late muy fuerte y necesito retirarme de todos. A veces, sin motivo y otros creo que se debe a que quiero que se haga algo pero no soy capaz de decirlo con buenas palabras y buenas formas. Será cuestión de familia pero, yo no grito ni pataleo. Puede que sea entonces conveniente. En fin, no seré tampoco la única porque puede que haya gente que se encuentre como yo, queriendo huir de algo o de alguien aunque esté pasando un buen momento.

1 comentario:

Isabel Sira dijo...

¡Qué parecidas podemos llegar a ser! ¡Y qué diferentes! Soy de gritar mucho, pero también de ahogarme, de necesitar huir o irme (que cada uno lo interprete como quiera), de estar en continuo cambio, aunque me asusten terriblemente.
Me alegro haberte recuperado por ello. Quizás podamos hacer parte de ese camino hacia ningún sitio juntas.